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Fotos del
centenario

Ubicación y Mapas
(nuevo)
La Página 
de los chicos
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Palabras alusivas pronunciadas en el
acto del Centenario
Recibimiento de la Sra.
Directora de la escuela
Autoridades provinciales, autoridades locales, autoridades y alumnos de
otros establecimientos educativos, ex alumnos, ex docentes, público en general.
Para cualquier institución cumplir 100 años es un hecho importante,
cuanto más si se trata de la Escuela, lugar por donde todos pasamos y dejamos
un pedacito de nuestra infancia.
En nombre de la comunidad
educativa de la Escuela Nº 33, tengo el honor y la responsabilidad de darles la
Bienvenida a todos ustedes, y en especial a quienes viajaron desde distintos
lugares a este rinconcito de La Pampa, para compartir con nosotros esta gran fiesta de reencuentro, donde todos, los de ayer y
los de hoy festejaremos el Centenario de nuestra querida Escuela Nº 33.
¿Quién a pesar de la distancia y del paso del tiempo, a pesar de los
trances y altibajos de la vida cotidiana, podría olvidarse de su querida
Escuela?
¿En qué mente no hay un lugarcito para el recuerdo de los gratos y
dulces momentos vividos en esta casa que los recibió como alumno, como docente,
como portero, como padre, como integrante de la Asociación Cooperadora?
Esta casa que hoy se vistió de gala, abre sus brazos para recibirlos y
volver a cobijarlos.
Disfrutemos. Volvamos a sus aulas, testigos elocuentes de muchas enseñanzas,
de picardías infantiles y…también de
alguna que otra travesura. Demos expresión a los más caros sentimientos, que
cual campanadas en el tiempo, en oleadas de ecos melodiosos, con una mezcla de
nostalgia y alegría traerán a la memoria las vivencias del pasado.
Durante los días previos a los festejos nos han llegado mensajes muy
emotivos, donde queda de manifiesto que la escuela 33 ha dejado huellas
imborrables.
No hay momento más grato que el
reencuentro de las personas para recordar los hechos del pasado, analizar el
presente y proyectar el futuro.
Los que hoy tenemos la responsabilidad de llevar adelante la institución,
tomamos con respeto la experiencia de
nuestros antecesores y agradecemos porque heredamos una estructura que nos
fortalece. Asumimos el compromiso de conservar sus ideales, entendiendo que no
hay crecimiento ni progreso sin
educación. Hoy son otros los sujetos pedagógicos que habitan nuestras aulas y
seguramente otros los modos de enseñar, pero también es otro el contexto
social.
Creemos que educar es pensar en el futuro con esperanza y estamos
dispuestos, desde este querido lugar a trabajar cada día para lograrlo.
Agradecemos a las autoridades provinciales por su colaboración
permanente y a todas las personas
que trabajaron denodadamente para
que hoy podamos disfrutar de esta gran fiesta.
La Escuela Nº 33, fue, es y seguirá siendo la Escuela de Todos. Sintámonos
partícipes de ella y brindemos para que siga dando a los niños de Jacinto
Arauz, valores morales para que
ellos puedan conformar una sociedad cada vez más justa y solidaria.
Mabel
Schonoff de Grill

Discurso de una ex alumna
La historia de la Escuela General Manuel Belgrano en estos 100 años ha sido
recreada, escrita, mostrada y celebrada. A cada paso podemos apreciar cosas
hermosas, trabajo fecundo de recuerdos por 100 años.
Como ex alumna puedo contarles que llegué a la Escuela
cuando esta cumplía 50 años, cuando Arauz no tenía asfalto, ni luz de
mercurio, cuando el trigo se acarreaba en chatas tiradas por caballos y el paso
del tren regía los horarios y el destino del pueblo.
El hecho puntual de mi paso por la escuela fue la celebración
de los 55 años en 1962. Tengo grabados en la mente y en el alma los
preparativos, la expectativa, el sol de la mañana de mayo del festejo, el
estreno de la Marcha de la Escuela, estábamos parados a pocos metros de acá y
cantábamos con el corazón henchido de emoción “Vieja y querida escuela
33”
El hecho constante fue el aprendizaje al amparo de la Ley
1420 “ENSEÑANZA LAICA, GRATUITA Y OBLIGATORIA”. Los maestros nos enseñaron
contenidos, cosas que apreciamos a través de toda nuestra vida y nos enseñaron
valores que apuntalaron esas vidas.
La escuela de mi tiempo estaba formada por hijos de criollos
e hijos y nietos de inmigrantes, la escuela nos enseñó que éramos argentinos
perdiendo particularidades y afirmándonos en la condición de pertenecer a esta
tierra generosa.
Los recuerdos llegan en tropel y pensando en ellos les puedo
contar:
Los eucaliptos gigantes cuyas hojas rastrillábamos en otoño
y que al ser quemadas los sábados por el portero perfumaban el barrio.
El tanque con su molino donde no podíamos acercarnos porque
alguna vez, hacía mucho tiempo un alumno travieso había caído en las aguas frías
y verdosas.
El alto alambrado que rodeaba la escuela, imposible de
escalar, pero que no fue barrera para algunos alumnos decididos a escapar de la
vacunación antipoliomielítica que tantas vidas salvó en aquellos tiempos.
La campana que llamaba a clase pero que sonaba mas alegre en
su repiqueteo cuando anunciaba el recreo.
El patio de ladrillos lleno de pocitos provocados por el paso
constante de centenares de niños y que en los días de lluvia se llenaban de
agua y servían para salpicar las medias blancas de las chicas y que en las mañanas
de heladas tenían una patina de escarcha que provocó mas de una caída.
Hablando de mañanas heladas, que agradecidos estábamos de
poder calentarnos las manos en las estufas de radiantes cuyo siseo, color y olor
puedo sentir, ver y oler con solo evocarlos.
Las maestras de mis tiempos, mujeres con presencia plena, de
voz clara y potente, con guardapolvos blancos con aroma a sol y perfume de almidón.
Las maestras con su severidad y su ternura que nos marcaron
un camino pasando de volcar sin lástima alcohol en una rodilla lastimada a una
caricia en la cabeza cuando leíamos bien. Caricias que por escasas eran mucho más
apreciadas.
A los mas jóvenes les parecerá extraño pero nuestra
ventana para empezar a conocer el mundo fueron los libros de la Biblioteca del
aula, leídos hasta gastarlos y los relatos de nuestros maestros capaces de
hacer volar la imaginación sin perder de vista que debíamos aprender, y mucho,
y que eran reconocidas con ramos de flores frescas cortados por mamás
agradecidas.
La Dirección con su olor a cera, madera y papel y aspecto de
cosa importante donde solo se entraba porque merecíamos una nota de acuerdo a
nuestros méritos buenos o malos, y donde llevábamos, como una distinción muy
apreciada los registros de asistencia.
Otra distinción muy apreciada era ir a buscar los viernes al
correo las estampillas para las libretas de ahorro de los alumnos compradas con
moneditas trabajosamente juntadas y que muchas veces tenían un destino de
bicicleta.
Las escarapelas celestes y blancas como el cielo de la patria
que adornaban el patio cubierto y eran renovadas todos los 25 de mayo, o por lo
menos a nosotros nos parecían nuevas porque renovaban nuestro fervor patriótico.
El patio cubierto donde el piano sonaba armoniosamente, con
su iluminación escasa y su bullicio enorme, los días de lluvia.
El sonido familiar de las rueditas de los canastos colmados
de galletitas que traían los panaderos y que eran nuestra delicia en el segundo
recreo, acompañadas de mate cocido bien caliente o cascarilla de cacao en
ocasiones muy especiales, como especiales eran los bollitos de los actos
patrios.
Los bancos verdes que tantas veces acarreamos a la Juventud
Agraria para las veladas de la Escuela donde la máxima distinción era
representar a la patria con su gorro frigio y sus cadenas cortadas en las manos
como símbolo de libertad.
Los recreos en los días de primavera en los que despertábamos
furiosos partidos de prisionero donde las rivalidades se ponían tan bravas que
de vez en cuando gozábamos de una suspensión del juego con la pelota guardada
en el canasto y sin pedir devolución porque conocíamos el límite de la
paciencia de la maestra que a veces se terminaba y terminábamos en la raya
negra pasando un recreo solitario.
Durante más de dos décadas traje o busqué todos los días
mis hijos de esta escuela, pasaron de la provincialización a la aplicación
plena de la Ley Federal de Educación, pero la escuela en sí permaneció
inamovible, protectora y despertando en mí sentimientos agradecidos y el
convencimiento de que el buen maestro enseña bien con cualquier sistema, Ayer y
Hoy.
Solo una cosa me llenó de tristeza, la falta de los rosales
que tanto regamos y que llenaron de color y perfume nuestra infancia y gran
parte de nuestra vida.
Mañana todo volverá a la normalidad, se guardarán las
fotos. Se devolverán las labores y objetos del recuerdo. Quedaran las placas y
los regalos. Se evaluará la fiesta, muchos apreciarán los detalles, otros
tendrán una visión de conjunto y los niños y los docentes actuales recordarán
siempre que fueron alumnos y maestros del año del Centenario y los que
participamos de esta fiesta atesoraremos estos días, estos momentos en nuestro
corazón en el lugar de las cosas buenas.
La escuela está tan hermosa, tan cuidada y tan llena de ese
espíritu compuesto por los que ya son recuerdo y por los que hoy la transitan,
que siento que mis sentimientos desbordan por ella.
Comunidad Educativa, los habitantes de Jacinto Arauz, han
trabajado tanto, nos han recibido tan bien, que lo último que quiero decirles
es muchas gracias en nombre de los ex alumnos. Muchas gracias vieja y querida
Escuela 33.
Gladis
Mabel Holtz

Palabras de una ex docente
Autoridades
provinciales y locales, Sra. Directora, docentes, ex alumnos, alumnos, público
en general.
Escuela.
Escuela significa establecimiento publico, donde se da cualquier género de
instrucción.
Es
la que alecciona o da ejemplo y experiencia. Este es el frío significado que
nos da la Real Academia Española, pero la palabra escuela significa mucho más,
son pocas la palabras para expresar tanta historia derramada, tanta energía,
tanta intensidad.
Ella
alberga entre sus paredes, la historia de cada uno, los días de la primera
infancia, los bellos momentos de aquel tiempo dorado de la niñez que no ha de
volver, con guardapolvos blancos y el corazón encendido de alegrías, de
ilusiones, a veces derramando lágrimas
por pequeñeces que parecían dramas, en esos momentos en que las madres estaban
ausentes, pero había siempre alguien que auxiliaba, que contenía... éramos
aquellos que habíamos elegido el camino de la docencia, los que por vocación,
enfrentamos el desafió de brindarnos a los niños, desarrollando esa tarea tan
maravillosa, que es verlos crecer integralmente, somos los que hoy tenemos el
afecto de nuestros ex alumnos, que pasan a nuestro lado y no nos ignoran. Esta
actitud de consideración, es el tesoro mas preciado que guardamos y que nos da
mucha felicidad.
Escuela...la
que nos dio a todos el derecho de estudiar...de crecer...de soñar, la que al
terminar 6° o 7° grado, según distintas épocas, abrió sus puertas y dio a
cada uno el impulso para buscar la verdad volando por tantos y diferentes
caminos.
¡Restaba tanto
por descubrir!
Junto
a nosotros hoy también están presentes espiritualmente, los que ya se fueron,
ex docentes y ex alumnos, y aquellos seres anónimos que en remotos tiempos soñaron
con tener para sus hijos esta escuela, imaginaron ver el edificio terminado y
aquellos trabajadores que la construyeron, ladrillo a ladrillo, los que
modelaron la rusticidad de la madera transformándola en puertas, ventanas y
cabriadas.
Escuela
N° 33 Manuel Belgrano, única institución por excelencia, que nos une a todos
por igual sin diferencias religiosas, políticas o deportivas, sin esos abismos
que a veces nos separan.
Los
que hoy llegan en un recorrido nostalgioso, se regocijarán al pisar el suelo de
Jacinto Arauz.
Buscarán
el lugar donde vivieron de niños, tal vez este distinto, tal vez ya no exista
la casa que abrigó vuestra niñez o tal vez se mantenga todo como entonces,
pero en vuestro interior, la antigua estampa estará intacta, guardada en ese
valioso cofre que es la memoria.
Hay
lágrimas en los ojos, imágenes de aquellos días en que no teníamos mas que
estudiar, jugar ,correr y saltar. Pero el espíritu esta ávido, adivinando en
los rostros transformados por el tiempo... y ese vos sos y luego de reconocerse,
el abrazo apretado; como queriendo acortar tanto tiempo y tanta distancia. !
Gracias
Escuela, por este encuentro, por mantenerte incólume durante 100 años, dando
testimonio de tanta actividad, de tanto afecto, de tanta entrega.
Maestros
y alumnos de ayer y de hoy, te guardaremos para siempre en un lugar
privilegiado, en el pedestal de los recuerdos.
Seguramente
en esta jornada hoy muchos brindaremos con la promesa de un próximo encuentro,
nos iremos con una gran sonrisa y llevaremos una mochila
con
algo de mucho valor... el recuerdo de estos hermosos momentos compartidos.
Nora
Goñi

Poesía
escrita y recitada por una alumna
Mi escuela
A mi escuela querida
Que tanto me enseñó
Le quiero regalar
Un homenaje en su día.
En sus cálidas aulas
y sus pizarrones desteñidos
a leer y a escribir
hemos aprendido.
Así como a mis padres
y a mí has recibido
espero que mis hijos
también sean
bienvenidos.
MARA WEINGARTNER. 6º Año E.G.B.
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