Escuela Nº 33 General Manuel Belgrano - Jacinto Arauz - La Pampa - 1907 - 2007                                                      










Fotos del centenario


Ubicación y Mapas
(nuevo)

 

La Página
de los chicos

 

 

                       Palabras alusivas pronunciadas en el acto del Centenario

 

Recibimiento de la Sra. Directora de la escuela

      Autoridades provinciales, autoridades locales, autoridades y alumnos de otros establecimientos educativos, ex alumnos, ex docentes, público en general. 
     Para cualquier institución cumplir 100 años es un hecho importante, cuanto más si se trata de la Escuela, lugar por donde todos pasamos y dejamos un pedacito de nuestra infancia.
     En nombre de la comunidad educativa de la Escuela Nº 33, tengo el honor y la responsabilidad de darles la Bienvenida a todos ustedes, y en especial a quienes viajaron desde distintos lugares a este rinconcito de La Pampa, para compartir con nosotros  esta gran fiesta de reencuentro, donde todos, los de ayer y los de hoy festejaremos el Centenario de nuestra querida Escuela Nº 33.
 
    ¿Quién a pesar de la distancia y del paso del tiempo, a pesar de los trances y altibajos de la vida cotidiana, podría olvidarse de su querida Escuela?
     ¿En qué mente no hay un lugarcito para el recuerdo de los gratos y dulces momentos vividos en esta casa que los recibió como alumno, como docente, como portero, como padre, como integrante de la Asociación Cooperadora?
    Esta casa que hoy se vistió de gala, abre sus brazos para recibirlos y volver a cobijarlos.
    Disfrutemos. Volvamos a sus aulas, testigos elocuentes de muchas enseñanzas, de picardías infantiles y…también  de alguna que otra travesura. Demos expresión a los más caros sentimientos, que cual campanadas en el tiempo, en oleadas de ecos melodiosos, con una mezcla de nostalgia y alegría traerán a la memoria las vivencias del pasado.
 
    Durante los días previos a los festejos nos han llegado mensajes muy emotivos, donde queda de manifiesto que la escuela 33 ha dejado huellas imborrables.
     No hay momento más grato que el reencuentro de las personas para recordar los hechos del pasado, analizar el presente y proyectar el futuro.
    Los que hoy tenemos la responsabilidad de llevar adelante la institución, tomamos con respeto la experiencia  de nuestros antecesores y agradecemos porque heredamos una estructura que nos fortalece. Asumimos el compromiso de conservar sus ideales, entendiendo que no hay crecimiento ni progreso  sin educación. Hoy son otros los sujetos pedagógicos que habitan nuestras aulas y seguramente otros los modos de enseñar, pero también es otro el contexto social.
    Creemos que educar es pensar en el futuro con esperanza y estamos dispuestos, desde este querido lugar a trabajar cada día para lograrlo.
 
    Agradecemos a las autoridades provinciales por su colaboración permanente y  a todas las personas que trabajaron denodadamente  para que hoy podamos disfrutar de esta gran fiesta.
    La Escuela Nº 33, fue, es y seguirá siendo la Escuela de Todos. Sintámonos partícipes de ella y brindemos para que siga dando a los niños de Jacinto Arauz,  valores morales para que ellos puedan conformar una sociedad cada vez más justa y solidaria.

 Mabel Schonoff de Grill

Discurso de una ex alumna

    La historia de la Escuela General Manuel Belgrano en estos 100 años ha sido recreada, escrita, mostrada y celebrada. A cada paso podemos apreciar cosas hermosas, trabajo fecundo de recuerdos por 100 años.
    Como ex alumna puedo contarles que llegué a la Escuela cuando esta cumplía 50 años, cuando Arauz no tenía asfalto, ni luz de mercurio, cuando el trigo se acarreaba en chatas tiradas por caballos y el paso del tren regía los horarios y el destino del pueblo.
    El hecho puntual de mi paso por la escuela fue la celebración de los 55 años en 1962. Tengo grabados en la mente y en el alma los preparativos, la expectativa, el sol de la mañana de mayo del festejo, el estreno de la Marcha de la Escuela, estábamos parados a pocos metros de acá y cantábamos con el corazón henchido de emoción “Vieja y querida escuela 33”
    El hecho constante fue el aprendizaje al amparo de la Ley 1420 “ENSEÑANZA LAICA, GRATUITA Y OBLIGATORIA”. Los maestros nos enseñaron contenidos, cosas que apreciamos a través de toda nuestra vida y nos enseñaron valores que apuntalaron esas vidas.
    La escuela de mi tiempo estaba formada por hijos de criollos e hijos y nietos de inmigrantes, la escuela nos enseñó que éramos argentinos perdiendo particularidades y afirmándonos en la condición de pertenecer a esta tierra generosa.
    Los recuerdos llegan en tropel y pensando en ellos les puedo contar:
    Los eucaliptos gigantes cuyas hojas rastrillábamos en otoño y que al ser quemadas los sábados por el portero perfumaban el barrio.
    El tanque con su molino donde no podíamos acercarnos porque alguna vez, hacía mucho tiempo un alumno travieso había caído en las aguas frías y verdosas.
    El alto alambrado que rodeaba la escuela, imposible de escalar, pero que no fue barrera para algunos alumnos decididos a escapar de la vacunación antipoliomielítica que tantas vidas salvó en aquellos tiempos.
    La campana que llamaba a clase pero que sonaba mas alegre en su repiqueteo cuando anunciaba el recreo.
    El patio de ladrillos lleno de pocitos provocados por el paso constante de centenares de niños y que en los días de lluvia se llenaban de agua y servían para salpicar las medias blancas de las chicas y que en las mañanas de heladas tenían una patina de escarcha que provocó mas de una caída.
    Hablando de mañanas heladas, que agradecidos estábamos de poder calentarnos las manos en las estufas de radiantes cuyo siseo, color y olor puedo sentir, ver y oler con solo evocarlos.
    Las maestras de mis tiempos, mujeres con presencia plena, de voz clara y potente, con guardapolvos blancos con aroma a sol y perfume de almidón.
    Las maestras con su severidad y su ternura que nos marcaron un camino pasando de volcar sin lástima alcohol en una rodilla lastimada a una caricia en la cabeza cuando leíamos bien. Caricias que por escasas eran mucho más apreciadas.
    A los mas jóvenes les parecerá extraño pero nuestra ventana para empezar a conocer el mundo fueron los libros de la Biblioteca del aula, leídos hasta gastarlos y los relatos de nuestros maestros capaces de hacer volar la imaginación sin perder de vista que debíamos aprender, y mucho, y que eran reconocidas con ramos de flores frescas cortados por mamás agradecidas.
    La Dirección con su olor a cera, madera y papel y aspecto de cosa importante donde solo se entraba porque merecíamos una nota de acuerdo a nuestros méritos buenos o malos, y donde llevábamos, como una distinción muy apreciada los registros de asistencia.
    Otra distinción muy apreciada era ir a buscar los viernes al correo las estampillas para las libretas de ahorro de los alumnos compradas con moneditas trabajosamente juntadas y que muchas veces tenían un destino de bicicleta.
    Las escarapelas celestes y blancas como el cielo de la patria que adornaban el patio cubierto y eran renovadas todos los 25 de mayo, o por lo menos a nosotros nos parecían nuevas porque renovaban nuestro fervor patriótico.
    El patio cubierto donde el piano sonaba armoniosamente, con su iluminación escasa y su bullicio enorme, los días de lluvia.
    El sonido familiar de las rueditas de los canastos colmados de galletitas que traían los panaderos y que eran nuestra delicia en el segundo recreo, acompañadas de mate cocido bien caliente o cascarilla de cacao en ocasiones muy especiales, como especiales eran los bollitos de los actos patrios.
    Los bancos verdes que tantas veces acarreamos a la Juventud Agraria para las veladas de la Escuela donde la máxima distinción era representar a la patria con su gorro frigio y sus cadenas cortadas en las manos como símbolo de libertad.
    Los recreos en los días de primavera en los que despertábamos furiosos partidos de prisionero donde las rivalidades se ponían tan bravas que de vez en cuando gozábamos de una suspensión del juego con la pelota guardada en el canasto y sin pedir devolución porque conocíamos el límite de la paciencia de la maestra que a veces se terminaba y terminábamos en la raya negra pasando un recreo solitario.
    Durante más de dos décadas traje o busqué todos los días mis hijos de esta escuela, pasaron de la provincialización a la aplicación plena de la Ley Federal de Educación, pero la escuela en sí permaneció inamovible, protectora y despertando en mí sentimientos agradecidos y el convencimiento de que el buen maestro enseña bien con cualquier sistema, Ayer y Hoy.
    Solo una cosa me llenó de tristeza, la falta de los rosales que tanto regamos y que llenaron de color y perfume nuestra infancia y gran parte de nuestra vida.
    Mañana todo volverá a la normalidad, se guardarán las fotos. Se devolverán las labores y objetos del recuerdo. Quedaran las placas y los regalos. Se evaluará la fiesta, muchos apreciarán los detalles, otros tendrán una visión de conjunto y los niños y los docentes actuales recordarán siempre que fueron alumnos y maestros del año del Centenario y los que participamos de esta fiesta atesoraremos estos días, estos momentos en nuestro corazón en el lugar de las cosas buenas.
    La escuela está tan hermosa, tan cuidada y tan llena de ese espíritu compuesto por los que ya son recuerdo y por los que hoy la transitan, que siento que mis sentimientos desbordan por ella.
    Comunidad Educativa, los habitantes de Jacinto Arauz, han trabajado tanto, nos han recibido tan bien, que lo último que quiero decirles es muchas gracias en nombre de los ex alumnos. Muchas gracias vieja y querida Escuela 33.

                Gladis Mabel Holtz

Palabras de una ex docente

Autoridades provinciales y locales, Sra. Directora, docentes, ex alumnos, alumnos, público en general.
    Escuela. Escuela significa establecimiento publico, donde se da cualquier género de instrucción.
    Es la que alecciona o da ejemplo y experiencia. Este es el frío significado que nos da la Real Academia Española, pero la palabra escuela significa mucho más, son pocas la palabras para expresar tanta historia derramada, tanta energía, tanta intensidad.
    Ella alberga entre sus paredes, la historia de cada uno, los días de la primera infancia, los bellos momentos de aquel tiempo dorado de la niñez que no ha de volver, con guardapolvos blancos y el corazón encendido de alegrías, de ilusiones, a veces  derramando lágrimas por pequeñeces que parecían dramas, en esos momentos en que las madres estaban ausentes, pero había siempre alguien que auxiliaba, que contenía... éramos aquellos que habíamos elegido el camino de la docencia, los que por vocación, enfrentamos el desafió de brindarnos a los niños, desarrollando esa tarea tan maravillosa, que es verlos crecer integralmente, somos los que hoy tenemos el afecto de nuestros ex alumnos, que pasan a nuestro lado y no nos ignoran. Esta actitud de consideración, es el tesoro mas preciado que guardamos y que nos da mucha felicidad.
    Escuela...la que nos dio a todos el derecho de estudiar...de crecer...de soñar, la que al terminar 6° o 7° grado, según distintas épocas, abrió sus puertas y dio a cada uno el impulso para buscar la verdad volando por tantos y diferentes caminos.
    ¡Restaba tanto por descubrir!
    Junto a nosotros hoy también están presentes espiritualmente, los que ya se fueron, ex docentes y ex alumnos, y aquellos seres anónimos que en remotos tiempos soñaron con tener para sus hijos esta escuela, imaginaron ver el edificio terminado y aquellos trabajadores que la construyeron, ladrillo a ladrillo, los que modelaron la rusticidad de la madera transformándola en puertas, ventanas y cabriadas.
    Escuela N° 33 Manuel Belgrano, única institución por excelencia, que nos une a todos por igual sin diferencias religiosas, políticas o deportivas, sin esos abismos que a veces nos separan.
    Los que hoy llegan en un recorrido nostalgioso, se regocijarán al pisar el suelo de Jacinto Arauz.
    Buscarán el lugar donde vivieron de niños, tal vez este distinto, tal vez ya no exista la casa que abrigó vuestra niñez o tal vez se mantenga todo como entonces, pero en vuestro interior, la antigua estampa estará intacta, guardada en ese valioso cofre que es la memoria.
    Hay lágrimas en los ojos, imágenes de aquellos días en que no teníamos mas que estudiar, jugar ,correr y saltar. Pero el espíritu esta ávido, adivinando en los rostros transformados por el tiempo... y ese vos sos y luego de reconocerse, el abrazo apretado; como queriendo acortar tanto tiempo y tanta distancia. !
    Gracias Escuela, por este encuentro, por mantenerte incólume durante 100 años, dando testimonio de tanta actividad, de tanto afecto, de tanta entrega.
    Maestros y alumnos de ayer y de hoy, te guardaremos para siempre en un lugar privilegiado, en el pedestal de los recuerdos.
    Seguramente en esta jornada hoy muchos brindaremos con la promesa de un próximo encuentro, nos iremos con una gran sonrisa y llevaremos una mochila con algo de mucho valor... el recuerdo de estos hermosos momentos compartidos.

Nora Goñi

 

Poesía escrita y recitada por una alumna

    Mi escuela

A mi escuela querida
Que tanto me enseñó
Le quiero regalar
Un homenaje en su día.

  En sus cálidas aulas
y sus pizarrones desteñidos
a leer y a escribir
hemos aprendido.

  Así como a mis padres
y a mí has recibido
espero que mis hijos
también sean bienvenidos.

MARA WEINGARTNER. 6º Año E.G.B.